" Kate " No me importan los genitales de " EL CHAPO "



Mi vagina es mi vagina, es obvio. Nadie debe de tener incidencia sobre ella si yo no lo permito. Si en un momento decido hacer una cirugía en mis labios vaginales nadie lo tiene que saber si yo no lo quiero. Si yo soy una persona famosa, criminal o no, mi vagina sigue siendo mía y yo decido con quien hablar de ella. Lo mismo pasa con el pene y, o, la vagina de quien me lee.
Esta obviedad sobre la pertenencia de nuestro cuerpo, al parecer no resulta igual para el cuerpo de Joaquín Guzmán Loera.
No nos dio tiempo de terminar de entender y debatir sobre el extraño texto periodísitico de Sean Penn para la revista Rolling Stone cuando los medios mexicanos, lejos de entregarse a análisis más serios sobre lo publicado por la revista estadounidense (recomiendo el texto de Eileen Truax y el de Antonio Martínez) decidieron publicar temas propios de una telenovela.
Llegó un momento en que el “chisme” en los encabezados recordaba más a una revista como TV Notas que a un periódico con cierto nivel de rigor periodístico.
Lo sensacionalista vende, los medios necesitan vender, lo sabemos; pero debemos ser conscientes de que estamos consumiendo -o publicando- contenido basura, chatarra para nuestra -ya bastante desnutrida- dieta mediática.
Al parecer provocó mucha risa que Kate del Castillo “friendzoneara” al Chapo, lo que sea que eso signifique. A algunas otras personas les indignó que la actriz tuviera un papel en la entrevista y se le acusó rápidamente de cómplice del crimen… olvidando, absolutamente, cualquier presunción de inocencia. Surgió entonces una especie de periodistómetro que medía quién tiene los puntos necesarios para hacer periodismo y quién no… descubrimos que la profesión de actriz-actor no es a los ojos de la gente compatible con la del periodista.
La fórmula es simple: la mujer es exitosa, es actriz, es guapa… pero ahora es en una mala mujer; maléfica que atrapa hasta al más malo con sus encantos. Es casi una mancornadora, digno personaje de un corrido.
No faltan los comentarios despectivos: “puta” es una palabra recurrente para calificar a esta mujer que carga la mácula de ser ahora del lado bandido. Por supuesto que no todas las personas se refieren a ella de esta forma, pero no podemos negar que la cobertura periodística del tema sirve para hacerle el juego a esa clase de opiniones.
No me interesa defender o acusar a Kate del Castillo, no me importa pero sobre todo, no me corresponde. Lo que quiero es saber qué está pasando, mucho más allá de un presunto romance. ¿Habrá o no extradición para Guzmán? ¿Debería de haber? Quiero saber si existen las condiciones para que no se vuelva a escapar.
Me interesa informarme sobre qué está haciendo el Gobierno Federal para erradicar el crimen organizado, deseo enterarme sobre política de drogas, sobre seguridad pública, sobre acceso a condiciones de vida dignas: a trabajo bien remunerado y justo. Precisamente el Chapo habló en la entrevista que le hizo Penn sobre cómo la gente es muy pobre en su entidad de origen y que la única opción para salir adelante es el negocio de las drogas ilegales.
No soy experta en política de drogas, ni en seguridad nacional, ni en derecho, ni en economía. Soy una persona que desea, y tiene el derecho, de informarse sobre qué está pasando en el país en donde vive… pero al parecer estar bien informada es un privilegio.
Lamentablemente cuando me asomo a los puestos de periódicos, abro twitter o busco rápidamente en la web, lo primero y más fácil de encontrar son noticias que nada más nos distraen de problemas graves de los qué sí se tienen que hablar, por ejemplo la alarmante cifra de secuestros y asesinatos en Guerrero o la pregunta del día: ¿Por qué un ex gobernador mexicano es detenido en España y en México es tratado como un rey?
Uno de los encabezados más desagradables que he encontrado es el del periódico Reforma: “Quería ‘El Chapo’ potencia… sexual”, publicó la redacción el día 14 de enero.
La noticia se difundió en varios sitios, comenzando por CNN en Español, donde escriben que “un funcionario del gobierno mexicano” informó -solicitando su anonimato- que el líder del Cartel de Sinaloa se había operado los testículos para poder tener mejor “rendimiento sexual” -entiéndase una erección… porque cabe aclarar que las relaciones sexuales van mucho más allá que un pene erecto-. ¿Por qué un funcionario del gobierno quiere difundir esta clase de información? ¿De qué nos sirve saberla? ¿A quién le sirve que la sepamos?
¿Qué estaban pensando la o las personas responsables en los contenidos editoriales al subir esta clase de “noticias” y darles tanta publicidad? Probablemente en vender ejemplares de un periódico o una revista… o en el click que se convierte en vistas, vistas que se vuelve publicidad, publicidad que es dinero, insumo necesario para poder sobrevivir, por supuesto, en el mundo editorial.
Pero vale la pena pensar con calma: ¿Por qué nos interesa el pene del Chapo?
Me atrevo a decir que, más allá del morbo, tenemos un problema que es uno de violencia de género: nos resulta divertido o criticable que alguien -supuestamente- quiera tener una fuerte erección y no pueda hacerlo sin un tratamiento médico. Porque en la visión patriarcal del mundo no podemos concebir a un macho alfa sin un falo “potente” que pueda saciar y dominar a cualquier hembra, actriz exitosa o no.
Estas noticias no tienen nada que ver con el mercado de drogas, con la violencia, con las desapariciones forzadas, con las balaceras, con las personas adictas, con la salud pública, con la pobreza, con la corrupción, con las personas desplazadas… Este tipo de noticias exhiben la privacidad de una persona -no deja nadie de ser persona aunque sea criminal- y están ahí para “meterse con su hombría” prevaleciendo un pensamiento machista, para que la gente se burle y, sobre todo, se distraiga.
El circo de los medios es ridículo, pero además es sexista y eso, al parecer, es “normal”.

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