Una narcociudad llamada San Juan de la Maguana



Por; Salvador Noguera Batista


Acabo de visitar mi provincia tras una ausencia de casi diez años y descubrí que en la ciudad de San Juan de la Maguana “todo el mundo” sabe donde operan los puntos de ventas de drogas, pero la autoridad no actúa en consecuencia.
Existe una complicidad burda, que ha convertido esta ciudad sureña no solo en un enclave para el trasiego de la droga de Haití a la capital, sino en un activo centro de consumo y venta de estos enervantes.
La violencia entre las bandas rivales no cesa provocando muertes y heridos. Lo que ocurrió la madrugada del lunes 6 de junio frente a la Discoteca Le Cristal, con dos muertos y cuatro gravemente heridos, es solo la punta del iceberg de lo que ha estado ocurriendo en los últimos diez años. No es ni el primero ni último enfrentamiento sangriento.
Es que el pandillerismo juvenil adopta perfiles particulares en la ciudad de San Juan de la Maguana. Dos razones lo explican: primero, las bandas barriales de Guachupita, Los Mojaos, los Barracones y otros barrios, han migrado libremente su operación al polígono central de la ciudad, donde operan su narcomenudeo en centros de bailes y de expendio de alcoholes a través de servicio de delibery, y segundo, los líderes de las bandas actúan con protección del poder político local.

Existe una relación -pública y abierta- de los líderes de las bandas con altos dirigentes locales de instancias de poder. Por eso ni la Policía Nacional ni la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) actúan contra las pandillas que operan los puntos de drogas, sino que los agentes llamados a perseguirlos, pasan a ser parte del negocio, porque acuden cada fin de semana a cada punto de venta minorista de drogas a “buscar lo suyo”.
Al mezclarse el padrinazgo político con los traficantes de drogas, todo apunta a que San Juan de la Maguana es hoy una narcociudad.
El autor es Abogado, es sanjuanero y reside en Santiago.